Una startup holandesa convierte el calor en frío a través de un motor Stirling, una solución que no requiere energía

Para el año 2050, casi 6.000 millones de aparatos de aire acondicionado podrían consumir el 37% de la electricidad global, según la Agencia Internacional de Energía. Esto se debe a que a medida que India y China se hacen más ricas y el planeta se calienta, las personas de todo el mundo querrán comprar unidades de A/C a un nivel parecido al de Estados Unidos.

Si es así, sería una catástrofe ambiental que tendría consecuencias dramáticas.

Por eso es una buena noticia que la pequeña ciudad holandesa de Enschede albergue un proyecto que pretende cambiar ese futuro a través de una maravilla tecnológica que convierte el calor en frío sin requerir energía en sí misma, o cualquiera de los gases desagradables que la mayoría de los aparatos de A/C utilizan actualmente, según cuenta la revista Forbes. La propietaria de esta tecnología es la empresa SoundEnergy y utiliza un proceso similar al de un motor Stirling, que se diseñó por primera vez hace 200 años, es decir, a principios del siglo XIX.

Suena a magia o a una máquina de movimiento perpetuo, pero se basa en principios bien entendidos de la termoacústica y fue investigado originalmente por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, según asegura la compañía.

¿Cómo funciona? El primer paso es transformar el calor en sonido. “Recogemos la energía térmica … [y] transformamos esta energía térmica en una onda acústica”, explica Roy Hamans, director de Finanzas de SoundEnergy, “esta onda viaja a través de un bucle infinito presurizado en el que continúa amplificándose… el proceso de realimentación hace que la onda de sonido sea cada vez más fuerte”.

Hasta ahora suena muy bien que SoundEnergy haya construido una máquina para convertir el calor en energía mecánica. Pero ¿y si quieres que genere frío? Según Hamans, el dispositivo de SoundEnergy también lo hace.

“Esta enorme potencia mecánica se transformará en un delta T [temperatura más baja] en los dos últimos recipientes al conectarlos al revés”, puntualiza a Forbes, “las ondas de sonido producen frío al distraer el calor de las partículas como en un ciclo clásico de Stirling”. Por lo visto, lo normal es no entender cómo funciona esto. Hamans asegura que solo unas dos o tres docenas de personas en todo el mundo, todos expertos en termoacústica, entienden realmente este proceso.

Parece casi mágico, pero la compañía ha estado lanzando sus productos comerciales desde septiembre pasado. El primer cliente de SoundEnergy fue el gobierno de Dubai, que compró un aparato para enfriar una planta que condensa agua potable del aire. Otro cliente ha comprado una unidad para enfriar en un espacio remoto, aislado de la red.

El éxito de esta tecnología es que no requiere energía. “El sistema en sí no consume electricidad/energía”, añade Hamans, “Coge el 100% de la energía residual emitida por la pila o la energía solar térmica … y la convierte en una eficiencia del 40-50%”.

El resto del calor puede descargarse en una piscina de enfriamiento, la atmósfera o, si es absolutamente necesario, enfriarse con un aparato de aire acondicionado estándar. Las únicas partes que potencialmente usan energía externa para funcionar serían una unidad de control pequeña para una calibración más precisa y, por supuesto, bombas para hacer circular el fluido que contiene calor y el fluido frío hacia afuera.

El sistema es ideal para uso industrial donde los motores y equipos de alta temperatura deben enfriarse, pero también se puede utilizar para viviendas multifamiliares. Los aparatos grandes cuestan aproximadamente 45.000 euros, aunque los precios bajarán cuando se consiga hacer en escala, y las unidades más pequeñas para fines residenciales/de consumo son posibles a precios mucho más bajos.

“Para uso comercial e industrial estamos hablando de hasta cinco años de tiempo de amortización”, dice. “[también influye] en que nuestros sistemas tienen una vida útil esperada de 20-30 años, lo que, según sabemos, es sustancialmente más larga que los sistemas basados ​​en compresores eléctricos”.

Es cierto que el producto es algo caro, pero si la compañía puede ayudar a resolver los desafíos energéticos globales y al mismo tiempo enfriar hogares, oficinas y fábricas de manera eficiente, el coste ambiental puede muy bien superar las consideraciones financieras.