La mayoría de los países de la Unión Europea no pueden mantener calientes a sus ciudadanos este invierno

La organización Right to Energy Coalition (R2E) ha publicado el Índice Europeo de Pobreza Doméstica (EDEPI), el primero de su tipo, y revela que la mayoría de los países de la UE tienen niveles significativos de pobreza energética y no pueden mantener a sus ciudadanos calientes durante este invierno. La pobreza energética es especialmente frecuente en el sur y este de Europa.

Se trata de una investigación innovadora realizada por OpenExp, un ‘Think tank’ independiente europeo, que aborda el desafío del análisis a través de los países sobre el progreso realizado para aliviar la pobreza energética en Europa.

Bulgaria supera a otros países por la prevalencia de cuatro indicadores clave: hogares húmedos y con fugas, altos costes de la energía para los hogares, incapacidad para mantener los hogares cálidos contra el invierno e incapacidad para mantener los hogares frescos en verano. Por delante del ‘farolillo rojo’ se encuentran Hungría (27), Eslovaquia (26) y Portugal (25) y habría que remontarse hasta el puesto número 12 para encontrar a España.

Para satisfacer sus necesidades básicas, los ciudadanos de la UE necesitan acceder a servicios energéticos ambientalmente sostenibles, asequibles y confiables. La “pobreza energética doméstica” describe las circunstancias en las que se combina viviendas de baja calidad, precios altos de energía y bajos niveles de ingresos, lo que pone a las personas en riesgo de impactos negativos en la salud y la vida social.

El EDEPI demuestra que hay una fuerte división en la distribución de la pobreza energética en los diferentes países europeos, lo que refleja las diferencias en la geografía, el clima, los niveles de ingresos y la acción política.

Es importante destacar que el índice muestra que las estimaciones actuales sobre la pobreza energética de la UE no tienen mucho que ver con las condiciones del invierno. Las tasas de pobreza energética son más bajas en las regiones frías del noroeste, donde el producto interno bruto (PIB) per cápita está por encima del promedio de la UE.

De hecho, los datos muestran todo lo contrario, que un número mucho mayor de personas no puede mantenerse lo suficientemente fresco en verano, y puede experimentar una salud y un bienestar comprometidos. Se concentran en las regiones sur, sureste y báltico, donde el PIB per cápita a menudo cae por debajo del promedio de la UE. En algunos de estos países, la calidad de la vivienda es tan baja que las personas experimentan molestias térmicas tanto en invierno como en verano y/o tienen altos gastos de energía durante todo el año.

Con este estudio se puede observar cómo son cuatro los factores que contribuyen a aumentar la tasa de pobreza energética en cada país de la UE: el nivel de incomodidad en invierno o verano, la calidad de las viviendas y el porcentaje que representan los gastos energéticos en los ingresos disponibles.

Mantenerse saludable y bien depende en gran medida de poder lograr un equilibrio entre el metabolismo del cuerpo humano y el entorno que lo rodea, es decir, mantener el equilibrio térmico. En los diversos climas de Europa, esto a menudo requiere un sistema de calefacción o refrigeración, que a su vez requiere energía para funcionar. Cuando el precio de la energía es inasumible, los ocupantes pueden enfrentarse a impactos físicos, psicológicos y sociales.

Ya sea que las personas vivan en casas unifamiliares o en grandes bloques de apartamentos, sentir demasiado frío o demasiado calor (a menudo o siempre) es el síntoma general de la pobreza energética.

Alternativamente, un hogar puede sentir que tiene que restringir su uso de energía para mantenerse dentro del presupuesto. Aquí es donde surgen las consecuencias. Ser crónicamente calurosos o crónicamente fríos, o vivir con otras características de viviendas de baja calidad (por ejemplo, moho), puede tener efectos leves o graves para la salud. En casos extremos, la pobreza energética está vinculada a la muerte prematura.

En resumen, como datos clave, el informe señala que la mayoría de los países de la UE, 17, tienen niveles significativos de pobreza energética, que la proporción del gasto de los hogares en energía está aumentando, especialmente en las familias de bajos ingresos, cuyo gasto aumentó en un 33% entre 2000 y 2014, que existe una clara división entre los países del norte/oeste y sur/este de Europa, que los factores socioeconómicos desempeñan un papel más importante en los altos niveles de pobreza energética que el clima y por último que los países con regulaciones de protección a esos hogares vulnerables y con un mayor PIB per cápita muestran niveles más bajos de pobreza energética.

Soluciones

La Coalición de Energía (R2E) ofrece recomendaciones para que se tomen medidas políticas. Estas recomendaciones enfatizan la necesidad de una acción estratégica y coordinada, reconociendo las formas en que se debe compartir la responsabilidad en todos los niveles de gobierno.

Incluye tres principios globales e interrelacionados que deben sustentar toda acción política: energía asequible como un derecho humano básico; una transición energética para la UE que tenga en cuenta los impactos del cambio climático; y que sea una acción obligatoria por parte de los Estados miembros.

Específicamente, un marco político efectivo debería:

  • Defender los Principios 19 y 20 del Pilar Europeo de Derechos Sociales, que identifican el acceso a servicios de energía asequibles, junto con viviendas y viviendas de buena calidad, como derechos humanos básicos. La próxima Comisión Europea debería incorporar el EDEPI para medir el progreso de todos los Estados miembros y proponer un plan de acción basado en los resultados.
  • Requerir que se comparen los datos, basados ​​en los indicadores europeos aceptados de pobreza energética, y así permitir el monitoreo.
  • Reconocer que la pobreza energética tiene dimensiones tanto energéticas como sociales, lo que requiere la coordinación de políticas y programas entre los ministerios o departamentos adecuados. La financiación pública, incluida la que proviene de la UE, debería respaldar proyectos para luchar c0ntra esa pobreza y, por lo tanto, evitar las consecuencias imprevistas que pueden tener las acciones aisladas o pobremente integradas para los hogares de bajos ingresos.
  • Prohibir los cortes de suministro para garantizar el derecho a la energía para todos, lo que protege especialmente a los ciudadanos vulnerables.
  • Apoyar a las comunidades energéticas que permiten a los ciudadanos poner en marcha iniciativas de solidaridad en las que la generación renovable se destina a hogares vulnerables y de bajos ingresos.
  • Por último, los datos son de vital importancia para impulsar el desarrollo de políticas y de acción práctica. Esto permitiría, por ejemplo, que se pueda considerar la pobreza energética durante el verano como un indicador importante a monitorear. También podría ser bueno comenzar a recopilar los datos sobre la pobreza energética en el transporte, algo también necesario para comprender mejor su alcance, así como sus causas, síntomas y consecuencias.