El gran reto del vehículo eléctrico en las ciudades será la congestión de las redes de distribución

El despliegue masivo de vehículos eléctricos tendrá un impacto significativo en las redes eléctricas sobre todo en las ciudades. De hecho, su principal reto no serán los puntos de recarga sino la congestión de las redes de distribución. Esa ha sido la principal conclusión de la European Clean Energy & Mobility Conference que se celebró la pasada semana en la ciudad holandesa de Amsterdam.

Ademas, otra de las conclusiones «fue la necesidad de ver de forma holística al coche eléctrico, las redes de distribución y las renovables puesto que la transformación energética va a necesitar de la integración de todas ellas en la red. La demanda gestionable e inteligente del VE ( baterías y sistemas de recarga) será el motor principal de la gestión de la variabilidad de la energía fotovoltaica y eólica», explica a El Periódico de la Energía Assumpta Farrán, participante de la Conferencia y jefa de la Unidad de Transport y Energía Flexible del Institut Català d’Energia (ICAEN).

Debido a su alta capacidad energética, el despliegue masivo de vehículos eléctricos tendrá un impacto significativo en las redes eléctricas, es decir, que hay que mantener el equilibrio entre consumo y demanda y la generación debe ajustarse a la demanda, lo que hace complicado combinar la generación renovable con las necesidades del sistema. Este impacto tendrá que tener una repuesta en el diseño de los dispositivos del vehículo eléctrico y en la forma en que se diseñarán y controlarán las futuras redes eléctricas, si se quiere evitar un colapso en el sistema.

«Por ello, con las reglas del mercado eléctrico actual y con la no distinción significativa de precios en el uso de la red de distribución en función de su congestión, el sistema va a requerir de importantes inversiones en cables y centros de transformación. Esto no tiene ningún sentido en la era de la transformación digital.  Es clave trabajar para aplicar inteligencia en el sistema y en la regulación», añade Farrán.

AIE: el parque mundial de vehículos eléctricos podría alcanzar los 250 millones en 2030

Pero no solo. La integración a gran escala de la movilidad eléctrica y las energías renovables en y alrededor de la ciudad es un desafío, porque el crecimiento de la energía solar crea un pico de producción de energía en las primeras horas de la tarde, que no coincide con los picos de la demanda de energía en la mañana y la noche. Un problema para la red eléctrica, que se agravará rápidamente si no se actúa ahora.

Y junto a esa movilidad integrada de emisiones cero y la energía limpia, hay que añadir el almacenamiento inteligente y la demanda flexible, que desempeñarán un papel importante en la resolución de estos problemas.

Por ejemplo, en Londres se espera que la cantidad de vehículos eléctricos que circulen por sus calles aumente de los 20.000 que existen actualmente hasta los 330.000 en el año 2025. Además, la ciudad alberga ya 2.400 cargadores públicos, cerca de una cuarta parte del total del Reino Unido, repartidos en 1.200 ubicaciones, y a su vez estos integran 1.100 cargadores residenciales instalados en farolas por los consejos municipales. Transport for London también ha instalado más de 175 cargadores rápidos y está trabajando para aumentar el número a 300 para fines de este año.

Y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su último informe, el «Outlook 2019», recuerda que «las políticas y los marcos de mercado deben hacerse más flexibles. Al proporcionar servicios de flexibilidad, la movilidad eléctrica puede aumentar las oportunidades para la integración de recursos de energía renovable variables en la combinación de generación, así como reducir los costos asociados con la adaptación de los sistemas de energía. Los mercados eléctricos deben facilitar la prestación de servicios auxiliares. Para participar en la respuesta a la demanda en el mercado de electricidad, los agregadores no deben enfrentar altos costes de transacción (incluyendo no solo tarifas, sino también otros obstáculos regulatorios, administrativos o contractuales)».

En definitiva, las ciudades españolas y las empresas distribuidoras no les toca otra que trabajar codo con codo para evitar problemas futuros de suministro eléctrico.