Javier Guerra (SNE): “Es posible gestionar la generación nuclear pero el Gobierno tiene que cambiar la normativa»

El sector nuclear español vive cierta etapa de tranquilidad después de unos años convulsos en los que había incertidumbre sobre la posibilidad de alargar la vida útil de las centrales o no. El calendario de cierre aprobado en el PNIEC les ha dado certidumbre aunque no cierran la puerta a que esas fechas pudieran moverse aún más allá del año 2035.

El Periódico de la Energía habla con Javier Guerra, director general de Tecnatom, empresa de ingeniería especializada en la seguridad de la industria nuclear, y desde marzo pasado presidente de la Sociedad Nuclear Española (SNE).

“Nuestra posición como Sociedad Nuclear Española (SNE) es que las centrales nucleares sigan operando mientras sigan siendo seguras. Ésa es nuestra hipótesis de trabajo y por tanto la posición como SNE es clarísima. Somos la voz de los profesionales que trabajamos en el sector, no somos la voz de las empresas, sino de un sector en el que trabajan 28.000 personas, que exporta a más de 40 países, y que es la primera fuente de electricidad en España, lo que significa que más de un tercio de la electricidad no produce emisiones de CO2”, explica Javier Guerra.

“Creemos que nuestra contribución en esta transición hacia un mundo libre de emisiones es importante, y en el PNIEC así se establece. Somos necesarios para la electrificación de la sociedad, la eficiencia y la producción de electricidad por medios que no produzca CO2. La nuclear tiene un papel clarísimo. Más aún, sin energía nuclear la transición no es viable”, añade.

Ante la posibilidad de que la nuclear no es regulable y en un horizonte 100% renovable no podrá responder como energía de respaldo, Javier Guerra explica que “lo primero es que no creo que haya un horizonte donde se vaya a acabar la nuclear. Lo segundo es que me parece un complemento ideal de las renovables, que son intermitentes y nos guste o no, no siempre hay sol o viento, y lo tercero es que no es cierto que la nuclear no sea regulable”.

Según el responsable de SNE, “así ocurre en EEUU o en Francia, cuyas centrales nucleares son modelos y tecnologías iguales a las de España. Allí las nucleares se regulan según las necesidades de la demanda eléctrica, al 25%, al 50% o al 100%, por poner un ejemplo. Y para que en España se puedan regular, si queremos una nuclear modulada, solo es necesario unas pequeñas modificaciones técnicas, como cambiar las barras de combustible y las de control, y ya está. Para ello, solo es necesario que el gobierno apruebe una normativa que obligue a las centrales a hacer esos cambios”.

El sector lo tiene claro. La fijación de 40 años para la vida útil de una central nuclear es una cifra arbitraria que no responde a ninguna razón técnica, por eso, ven viable su funcionamiento hasta los 60 años, e incluso, como está ocurriendo en EEUU, hasta los 80 años. “Los siete reactores que tenemos van a cumplir los 40 años, se han hecho inversiones desde el comienzo de la operación de las plantas para actualizarlas, y nuestra opinión como profesionales es que ahora mismo las plantas están perfectamente preparadas para seguir operando durante muchos más años, por lo menos hasta los 60”, añade Guerra, “en Estados Unidos se está empezando a discutir de alargarlas de 60 a 80 años porque no hay ningún criterio técnico que diga que no es posible, solo son criterios políticos”.

En su opinión, “si tienes plantas que estás renovando desde el principio, una experiencia de operación, unos medios de computacion mucho más potentes que los que había antes y una experiencia acumulada en todo el mundo, la conclusión es que las centrales españolas ahora mismo son más seguras que el primer día que comenzaron a operar”.

Pese a esta posibilidad, la opinión pública en España sigue siendo mayoritariamente antinuclear, por lo que la Sociedad Nuclear Española asegura que trata “de dar toda la información que sea necesaria. Sabemos que explicar cómo es la energía nuclear sabiendo que es una tecnología compleja, es difícil de entender, pero desde la SNE queremos transmitir que no emite CO2, porque hay muchísimas personas que ni siquiera lo saben”.

“Tratamos de explicar las ventajas y las características, no solo por sus beneficios medioambientales, también porque te permite almacenar aproximadamente combustible para 5 años”, puntualiza Javier Guerra, “y la garantía y seguridad de suministro es fundamental”.

La seguridad es otro de los talones de Aquiles del sector. Tras los ataques de drones a infraestructuras críticas de Arabia Saudí, en concreto a dos plantas de explotación petrolífera, Guerra asegura que “nos pone a todos en guardia, pero sobre todo porque demuestra qué frágil es el mercado que depende de esta materia prima, donde se puede tener una subida precios con un problema de suministro en un momento determinado. Algo que no ocurre en nuestro país con la energía nuclear”.

En el caso de un posible ataque a una central nuclear en España, el experto añade que “efectivamente la seguridad física de las plantas nucleares y como infraestructura crítica se ha tratado de una forma muy especial. Ahora mismo hay decenas de efectivos de la Guardia Civil que están en cada planta y además su coste es financiado por la propia planta. Es decir, tiene un nivel de seguridad muy por encima de cualquier otra infraestructura”.

Pero afirma que “además, por su propia naturaleza, una central nuclear es muchísimo más robusta que una refinería, la diferencia es tremenda. También se podría decir lo mismo de una presa, por qué una presa no se podría atacar. Pero para no ir más allá, se puede decir que es muy difícil hacer daño a una central nuclear aunque hubiera un ataque intencionado”.

Por último, hay que hacer referencia al problema de los residuos nucleares. ¿Cómo se soluciona su gestión? “Desde el principio la gestión de los residuos ha sido y es asumida por los propietarios de las plantas”, concluye el portavoz de SNE, “son los que pagan por la gestión de los residuos en España y hay una tasa que la establece Enresa en función de sus cálculos. Esa tasa podría modificarse en el 7º Plan de Gestión de Residuos donde se incluirán los costes y que aún no conocemos. Pero este tema es más un problema político que un problema técnico y la prueba es que llevamos 50 años haciéndolo en España y de una forma absolutamente segura”.

Además, “en el futuro, si conseguimos desbloquear esta situación política, tendremos un ATC que nos permitirá gestionar los residuos de una forma más eficiente desde el punto de vista técnico. Resolver la cuestión de los residuos no es un problema. De hecho, todos los residuos de combustible que se han generado en España durante toda la operación de las plantas que han existido y las que tenemos, suponiendo que se cierren en la fecha que se establece en el PNIEC, ocupa una extensión igual que un campo de fútbol, un volumen pequeñísimo comparado con los millones de toneladas de CO2 que emitimos, todo tipo de residuos, como los microplásticos o los plásticos en general”, aclara.

“Y si en vez de funcionar las centrales 40 años, funcionaran 60 años, se aumentarían ligeramente las dimensiones de ese ATC, de 1,2 a 1,7. Por tanto, para ayudar a gestionar los residuos de una forma más fácil para todos, cuanto más años tengan las plantas, se podría pagar de forma más holgada el almacén y desmantelar las nucleares sin pedir al Estado nada” finaliza.