Santa Llogaia, la gran puerta eléctrica a Europa

La interconexión eléctrica de los Pirineos Orientales cumple cuatro años. Fue en octubre de 2015 cuando el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y el primer ministro francés, Manuel Valls, conectaron la interconexión entre las estaciones de Santa LLogaia (Girona) y Baixàs (Rosellón).

Aprovechando uno de los tres días que la planta conversora de Santa Llogaia está parada por mantenimiento, El Periódico de la Energía ha visitado esta infraestructura eléctrica que nos conecta con Europa.

La interconexión eléctrica con Francia a través de Cataluña posee 64,5 kilómetros. El enlace entre ambos países fue en el momento de su puesta en servicio la línea de corriente continua más larga del mundo. Enlaza las poblaciones de Baixas, en la comarca francesa de Rosellón, y Santa Llogaia, en el Alto Ampurdán. Algo más de la mitad del trazado (33,5 kilómetros) discurre en territorio francés y el resto (31 kilómetros) en suelo español, atravesando los Pirineos mediante un túnel de 8,5 kilómetros y 3,5 metros de diámetro, la mayor parte excavado en la zona francesa. Solo poco más de un kilómetro del túnel pertenece a España. Con el objeto de minimizar el impacto ambiental, el trazado, soterrado en todo su recorrido, transcurre paralelo a la red ferroviaria de alta velocidad y a la autopista.

La decisión de soterrar la línea supuso un reto tecnológico de primer nivel, amén de que los costes de la infraestructura se disparasen y se multiplicaran por 10. El hecho de soterrar la línea entera en vez de tirarla a través de los Pirineos supuso pasar de 70 millones de presupuesto a unos 700 millones. Esta cantidad se financió a partes iguales por parte de Red Eléctrica de España y su homólogo francés Reseau de Transport d’Électricité (RTE). La interconexión también fue financiada por la Unión Europea con una subvención de 250 millones de euros. Pero en esta ayuda de la UE, los franceses obtuvieron una mayor parte y España ha acabado por pagar más que los vecinos galos por esta infraestructura.

No es que a los operadores de los sistemas eléctricos REE y RTE les gustara gastar más, sino que el proyecto encontró gran oposición ciudadana y ecologista si se tiraba la línea por fuera atravesando los Pirineos. Eso hizo, entre otras cosas, y también por la dura oposición del Ejecutivo francés, que la instalación tardara más de 10 años en ver la luz.

Esta infraestructura hizo que la interconexión con Francia se duplicara y pasara de unos 1.400 MW de capacidad a unos 2.800 MW.

La longitud del trazado y su carácter subterráneo requerían que la electricidad circulase en corriente continua y no en alterna, que es la que circula en la mayor parte de las líneas. La corriente continua limita las pérdidas de electricidad, pero dada la tensión (320kV) y la potencia de la instalación (2 x 1000 MW), también necesita un cable especial. Por ello, los cables están hechos de cobre recubiertos de polietileno reticulado (XLPE, en sus siglas en inglés), siendo la primera vez que se usa este material a tal nivel de potencia y tensión en corriente continua.

Una curiosidad, el cable se puede tocar incluso funcionando. No está caliente ni nada parecido, a una temperatura media de unos 15ºC.

También fue un hito utilizar en una línea de estas características la tecnología VSC (Voltage Source Converter), que permite agilizar la conversión de la corriente continua en alterna y viceversa, a la vez que facilita el restablecimiento del suministro tras un corte de dicho suministro.

Según el jefe de los operadores de Santa Llogaia convertir la corriente continua en alterna y viceversa es un proceso automático y que tarda décimas de segundo.

En este vídeo podéis ver cómo funciona la estación de Santa Llogaia, la gran puerta eléctrica a Europa.

El túnel

Tras la visita a la estación conversora de Santa Llogaia, tuvimos la oportunidad de ir hasta la frontera con Francia donde se encuentra el túnel de la interconexión.

Algo más de ocho kilómetros de distancia separan el punto de entrada del cable en la zona española con la de Francia. Tal y como se puede ver en la imagen, el túnel consta de cuatro cables, el positivo y el negativo de cada cable de 1.000 MW.

El túnel tiene un diámetro de 3,5 metros y sobre él hay dos raíles por el que circula una especie de tren robotizado con el que realizan las tareas de mantenimiento y operación dentro de la excavación.

Todas estas operaciones se pueden realizar desde la sala de control, ya que el robot posee cámaras y sensores que facilitan esas labores a control remoto. Asimismo, el tren puede ser conducido por un operario.

La instalación está preparada para sufrir humedades. Al estar a unos 200 metros bajo tierra, las filtraciones de agua están al orden del día, pero son escasas y controladas en todo momento.