La digitalización obligará a cambiar el modelo de negocio y la mentalidad empresarial de las energéticas

El camino hacia la descarbonización de la economía será posible gracias a la digitalización. El informe ‘El impacto de la digitalización en la descarbonización del sector de la energía’, firmado por Inmaculada Ordiales y presentado por la Fundación Alternativas y Endesa, lo deja claro: «Los datos serán el nuevo petróleo».

El informe destaca la “urgente necesidad de transitar hacia una economía descarbonizada”, y precisamente uno de los sectores más afectados por esta transición es el energético, que además reconoce que ya está cambiando a un ritmo sin precedentes. «La descarbonización tiene tres claves», ha dicho Ordiales, «la digitalización como elemento primordial, el cambio de modelo de negocio y de mentalidad empresarial y la superación de los propios retos de la tecnología».

Y esa digitalización tendrá un impacto directo en la eficiencia energética a través de la electrificación de los sectores de transporte, de los usos residenciales y de la industria, en la creciente integración de las energías renovables, en la extensión del uso de los vehículos eléctricos o en los desarrollos de nuevas soluciones en el almacenamiento de energía, que además ofrecen unas perspectivas favorables sobre la contribución que puede hacer el sector de la energía a mitigar el cambio climático.

«Se va a producir un cambio radical en el sector eléctrico, antes era una estructura unidireccional, de la generación al consumo, y en la actualidad la conectividad, la digitalización y la inteligencia artificial permiten un sistema interconectado que hace que desaparezca esa frontera, y ganen en eficiencia, seguridad, flexibilidad y sostenibilidad», ha añadido la experta.

Las consecuencias de este cambio serán evidentes: «Por un lado, se reducirá el consumo energético, porque mejorará la eficiencia energética y habrá una mayor concienciación del ahorro en los consumidores, por otro lado se facilitará el desplazamiento del consumo de la punta al valle gracias a que se podrá desconectar o dejar en estado latente cualquier dispositivo eléctrico, una función que hasta ahora lo hace el servicio de interrumpibilidad».

La generación distribuida

El sistema eléctrico se encuentra ante un nuevo paradigma determinado por una generación más descentralizada y distribuida, por una mayor participación de energías renovables y por el especial protagonismo que adquieren los consumidores y usuarios. «Estos nuevos modelos suponen la creación de miniredes, de centrales virtuales de energía, de comunidades que se benefician de todo ello y de la aparición de los agregados de demanda desde el lado de los consumidores finales», ha dicho Ordiales, doctora en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos y economista del Área de Estudios del Consejo Económico y Social de España.

«Todo esto significa que las energéticas deberán seguir invirtiendo en redes de distribución y renovables», ha continuado, «y el cambio más interesante es la orientación económico-financiera en digitalización y en nuevas tecnologías. Eso es lo que ya está haciendo el sector financiero internacional y así lo ha anunciado en la COP25».

Pero también deberán tener en cuenta que a mayor digitalización mayor exposición a los ciberataques y a perder la privacidad de los datos, o que «la digitalización supondrá un impacto en el empleo, con la desaparición de muchos puestos de trabajo pero que a su vez generarán otros nichos de mercado y modelos de negocio. El balance final vendrá determinado por el tipo de gobernanza que se haga».

En definitiva, la creciente penetración de las tecnologías digitales será clave para dar una mayor flexibilidad al sistema, principalmente gracias a la gestión inteligente e interconectada de la demanda, a una mayor conexión a la red de dispositivos dotados de IoT y al potencial nada desdeñable que ofrece la electrificación de la movilidad y la recarga inteligente (smart charging). Todo ello en un entorno de elevada actividad investigadora orientada a mejorar la capacidad de almacenamiento de la electricidad.

«El futuro de la energía se caracterizará porque ya no será un bien homogéneo, se podrá almacenar, habrá un alto número de competidores en la generación, las inversiones en activos intangibles resultarán clave y los consumidores se convertirán en los protagonistas del sector», ha concluido la experta.