Las baterías para vehículos eléctricos reducen a la mitad su huella de carbono en solo dos años

Un nuevo informe estima que la huella de carbono del tipo de batería más común para los vehículos eléctricos es de 61-106 kg de emisiones de CO2 equivalentes por kilovatio hora (CO2e/kWh) de capacidad de la batería. Esta es la principal conclusión de los últimos datos recopilados y modelados por investigadores de baterías en IVL Suecia.

Esto es de dos a tres veces menor que el estimado de 150-200 kg de CO2e/kWh medido por los mismos investigadores hace dos años.

Hay tres razones principales por las que la producción de la batería, conocida como química de níquel, manganeso y cobalto (NMC), ha mejorado tan rápidamente.

Primero, la comercialización y ampliación de la fabricación de celdas de batería ha traído eficiencia en términos de menos energía por celda necesaria y, por lo tanto, una caída en las emisiones de CO2.

En segundo lugar, se dispone de datos más recientes y precisos para poblar el modelo, en lugar de depender de suposiciones antiguas e información obsoleta.

Tercero y último, la generación de electricidad en regiones manufactureras clave está utilizando cada vez más energías renovables, descarbonizando la red y reduciendo las emisiones de la fabricación, especialmente en Europa, Estados Unidos y China.

El extremo inferior de la estimación, 61 kg, con una mezcla de electricidad renovable alta, está muy cerca de lo que otras fuentes autorizadas midieron en 2019, como el estudio preparado para la Comisión Europea (77 kg de CO2/kWh) y el archiconocido estudio Argonne National Lab. (65 kgCO2/kWh). De hecho, el amplio rango de la estimación depende principalmente de la combinación de energía utilizada para fabricar baterías.

Los propios investigadores suecos mencionaron que el extremo superior es poco probable en el mundo real, ya que supone que el calor necesario para la fabricación de baterías es generado por electricidad a base de carbón, mientras que en realidad se utiliza un calentamiento de gas natural más eficiente.

«Las baterías  de los vehículos eléctricos se están volviendo cada vez más limpias cada mes. Esto se debe a que la producción se está volviendo más eficiente y porque el mix de energía para fabricarlas se descarboniza. Entonces sí importa dónde se produce la fábrica. Esto respalda el impulso actual de la Comisión para establecer una industria de celdas de batería en nuestro continente a través de la Alianza de las Baterías de la UE», afirma Lucien Mathieu, analista de Transport & Environment.

«El nuevo estudio también reconoce que los datos precisos son un desafío. Por lo tanto, las próximas regulaciones de la UE sobre baterías deberían establecer una base de datos sólida y exigir a las compañías que informen datos precisos sobre la huella de carbono. Los datos sobre las cadenas de suministro de metales son un problema particular. De ahí la necesidad de la trazabilidad y la debida diligencia vinculante para garantizar una producción sostenible y responsable «, concluye Lucien Mathieu.