¿Pueden ser ágiles las operadoras energéticas? Pueden y deben

Al margen del desafío que para el sector energético supone la implantación de energías renovables, la generación distribuida y la búsqueda de nuevos modelos de negocio, las utilities se enfrentan en la actualidad al gran reto de convertirse en compañías ágiles y con capacidad de reacción.

La era de la digitalización, que está acabando con la percepción generalizada de que las energéticas tradicionales son organizaciones estáticas, va encaminada no solo a dotar a estas empresas de sistemas inteligentes, que automaticen los procesos y minimicen los costes, sino también a transformarlas en entidades flexibles, más eficaces y adaptables al entorno.

El nuevo cliente digital está cada vez más informado sobre esos servicios que consume a diario y a los que antes no prestaba tanta atención, ya que poseía escaso poder de acción sobre ellos y no requería cambios en su relación con la compañía.

Ahora, condicionado por un entorno cambiante y precios que fluctúan, así como por un mercado de amplia competencia, compara productos y busca las mejores ofertas y servicio, además de soluciones que pueda gestionar desde su smartphone de manera casi inmediata.

En este contexto, las empresas del sector de la energía están dirigiendo sus procesos de transformación digital hacia la implantación de metodologías agile que les permitan ofrecer rápidas respuestas al usuario, así como relacionarse con este nuevo perfil de consumidor energético de manera transparente y personalizada.

Del mismo modo, estos procesos y formas de organización en estructuras horizontales permiten a las utilities adaptarse más rápidamente a los cambios del mercado, al estar integradas por equipos de trabajo de alto rendimiento (scrum teams) que entregan valor, ponen al cliente en el centro y promueven flexibilidad, creatividad y productividad.

Pero ¿es posible para una industria con altos activos como la energética implementar esta revolución agile sin poner en riesgo la seguridad y la calidad? Está claro que, en este sector, el proceso se antoja más complicado por cuanto maneja grandes infraestructuras que dan servicio de primera necesidad a millones de ciudadanos.

Si antes estas compañías operaban sin mantener contacto directo con sus clientes, proveedores o competidores, el nuevo entorno digital y cambiante les obliga a encaminar sus esfuerzos, tanto económicos como tecnológicos, hacia esa consecución de modelos más dinámicos y en permanente escucha activa.

Agilidad y estabilidad, por tanto, no deben estar enfrentados en el sector de las utilities. La clave está en conjugar los procesos y políticas corporativas que son relativamente inalterables dentro de la estructura troncal de una energética con nuevos elementos más flexibles y dinámicos. Así se adaptarán rápidamente tanto a los desafíos y oportunidades del sector como a las nuevas demandas de los usuarios, cada vez más exigentes.

Luis Sánchez Bris es Account Manager Director – Energía del Grupo VASS.