Ribera al gusto de (casi) todos

Teresa Ribera es a partir de este lunes 13 de enero de 2019 la primera Vicepresidenta Cuarta de la historia de España. Nunca había habido antes cuatro vicepresidencias. Tampoco era difícil de superar. Solo había que esperar y ya ha llegado. Última vicepresidencia y claro, también ha sido la última en presentarse en sociedad con su nuevo cargo.

Eran camino de ser las seis de la tarde, con algo de retraso a su convocatoria. Pero era normal, venía del Ministerio de Industria. Al menos no la han dejado sola. Pero en comparación con el resto de Ministerios, sabe a poco que solo le hayan acompañado la vicepresidenta tercera del Gobierno, Nadia Calviño, y la nueva ministra de Exteriores, Arancha González Laya.

Nadie de Unidas Podemos. Ni uno de sus cinco nuevos colegas de sillón en Congreso y Moncloa, ni el diputado Juan López de Uralde. Pero, ¿no habían aparcado las rencillas? ¿No era Unidas Podemos el partido que apostaba por la transición justa? ¿Ya no les gusta el Ministerio que tanto demandaba por el mes de junio y julio?

Fueron los únicos que se lo perdieron o casi. Allí estaba la flor y nata del sector eléctrico. El presidente de Endesa, Juan Sánchez-Calero, y su consejero delegado, José Bogas, la CEO de Iberdrola España, Ángeles Santamaría, y el presidente ejecutivo de Naturgy, Francisco Reynés.

También han asistido los tres presidentes de los transportistas del sector energético, Jordi Sevilla (REE), Antonio Llardén (Enagás) y José Luis López de Silanes (CLH).

Además, también estuvieron presidentes como José Manuel Entrecanales (Acciona) y Juan Miguel Villar Mir (Grupo Villar Mir). También se ha acercado el consejero delegado de ACS, Manuel Fernández Verdes, entre otros empresarios que han querido rendir pleitesía a la nueva ‘vice’.

También ha llamado la atención de ver tanto al presidente de los empresarios, Antonio Garamendi (CEOE), como al de los dos grandes sindicatos, Unai Sordo (CCOO) y José Álvarez (UGT). Y otro personaje que no suele dejarse ver mucho es el presidente de la CNMC, José María Marín Quemada. Pero allí estuvo. Como llegaron tarde casi todos ellos, procedentes del Ministerio de Industria donde estuvieron con la ministra Reyes Maroto, tuvieron algún problema que otro para poder entrar en la sala principal del acto. Al final lo consiguieron. «Por problemas de seguridad ya no dejamos entrar a nadie», les espetaba el mozo de seguridad, sin reconocer a Garamendi o a Marín Quemada entre otros.

Anécdotas aparte, en la sede del Ministerio para la Transición Ecológica estaba también un gran número de gente de la economía verde, desde activistas ecologistas hasta el funcionario de menor rango del Ministerio. No faltaba nadie, o casi nadie, como reza el titular, y es que este lunes se ha hecho historia.

Por fin la energía y el medio ambiente tienen una vicepresidencia. Tal y como recordó Ribera, durante su comparecencia,  a los «padres» del ecologismo y el medio ambiente Odón de Buen, Ramón Margalef, Fernando González Bernáldez o Félix Rodríguez de la Fuente, expertos que, a su juicio, «nunca jamás se hubieran podido imaginar que en este país algún día habría una vicepresidencia verde».

La ahora vicepresidenta (cuesta escribir esta palabra, se lo prometo) ha enfocado buena parte de su discurso a hablar de transición, equidad, justicia. «El elemento ambiental, algo que da sentido y que delimita por razones físicas aquello de lo que disponemos y por tanto una de las variables más importantes para pensar en la justicia, en la equidad entre generaciones actuales y futuras, entre países y sociedades que conviven, no habían encontrado un espacio de relevancia política», ha indicado.

Ribera quiere contar con todos, no quiere dejar a atrás a nadie, y que todo el mundo aporte en este gran reto que es la transformación energética y la descarbonización de la economía y nuestras vidas.

El 13 de enero de 2020 forma parte de la historia de España. Es el primer día de una Vicepresidencia Cuarta, pero no por ser la cuarta es una vicepresidencia cualquiera. Es, me atrevería a decir, la que da forma y sentido al nuevo Gobierno de coalición. Y eso a pesar de que en Unidas Podemos no lo hayan apoyado como debería. A lo mejor es que le sentó mal a Iglesias y compañía que Sánchez tuviese guardado este as en la manga y no les dijera nada sobre el nombramiento.