El coronavirus remueve los cimientos de las inversiones sostenibles: la incertidumbre y la resiliencia ganan posiciones

La pandemia de Covid-19 no tiene precedentes en cómo ha afectado a todos los aspectos de la vida tal y como la conocemos. El enorme esfuerzo internacional para movilizar recursos en los sectores público y privado para abordar la crisis del coronavirus ha llevado a que los problemas sociales tengan prioridad en la agenda de las finanzas sostenibles. El impacto que tiene el virus hace que se fije una nueva una hoja de ruta que reenfoque la financiación sostenible, pero ¿de qué manera?

Las finanzas sostenibles se han asociado principalmente con las finanzas verdes. Esto se debió en parte a que las primeras innovaciones financieras sostenibles invertibles surgieron del mercado de bonos verdes. Los bonos sociales que utilizan las ganancias para fines sociales, como educación o atención médica, representaron solo el 5% del mercado total de bonos sostenibles en 2019. Esta dinámica de emisión hacia lo verde en lugar de lo social se refleja en las percepciones de los inversores. Una encuesta de BNP Paribas mostró que los inversores consideraron ‘social’ el factor ESG más difícil de integrar en su análisis (en comparación con el medio ambiente y la gobernanza).

El entorno político anterior a Covid-19 también se centró en gran medida en el medio ambiente, respaldado por el desarrollo de iniciativas de financiación verde de bancos centrales y gobiernos.

Entonces, ¿qué va a cambiar? Según los análisis de BNP Paribas, las consecuencias de Covid-19 requieren inversión y mecanismos de respuesta inmediata para apoyar a la sociedad. Los gobiernos también se movilizan para conseguirlo. Los inversores y los emisores son conscientes del papel vital que pueden desempeñar en la canalización de las finanzas para apoyar estos esfuerzos.

En las últimas semanas, varios bancos de desarrollo han intensificado la emisión de bonos sociales. El Nordic Investment Bank (NIB) emitió un ‘Response Bond’ inaugural, que financia los sistemas de atención médica y las soluciones del mercado laboral para aliviar las consecuencias sociales de la crisis en las comunidades y las cadenas de suministro. La misma semana, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) emitió un Bono de Concienciación sobre la Sostenibilidad (SAB) de 1.000 millones de euros para apoyar a las empresas europeas, las intervenciones sanitarias y la economía en su conjunto en áreas directamente relacionadas con la lucha contra Covid-19.

Es un momento clave para que los inversores y los bancos apoyen el sector de la salud a través de la canalización de capital para financiar instituciones de desarrollo, empresas en la cadena de suministro de salud y movilizar recursos e investigación para nuevos productos. Las finanzas sostenibles apoyarán la economía en general al enfocarse en asuntos sociales.

Pero no es una opinión unánime en el sector financiero. Michael Feroli, economista jefe de EEUU en J.P. Morgan, señala que es la incertidumbre la que reina en todos los pronósticos económicos de hoy. Por ejemplo, en lugar de que todos los bancos pronostiquen un crecimiento del PIB de 2020 dentro de un rango estrecho, típicamente de 1.7 a 2.1% antes de Covid-19, las estimaciones «ahora varían en varios puntos porcentuales». Esto provoca que se duplique el número de inversores que están dejando de lado sus preocupaciones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) porque la resiliencia es lo que importa ahora.

Las decisiones políticas nuevamente influirán en el nuevo rumbo de las finanzas. En el caso de la Unión Europea está claro. La Comisión Europea está programada para actualizar su programa de transición verde en las próximas semanas, a la vez que se sigue trabajando para concentrar los recursos en abordar la pandemia de coronavirus.

Las políticas climáticas que sustentan el Green Deal de la Comisión seguirán siendo una de las principales prioridades, alimentando aún más las esperanzas de que el bloque pueda cumplir las promesas de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y de los principales estados miembros de entregar un paquete de recuperación verde.

Para ello, han anunciado que publicarán en breve una Estrategia de Finanzas Sostenibles aunque podría haber una revisión planificada de la Directiva de Informes No Financieros. También los planes para los sectores de energía eólica marina, redes inteligentes, productos químicos y movilidad inteligente podrían retrasarse como consecuencia de la pandemia.

Y de la Unión Europea a la visión del G20. Tras una conferencia virtual para discutir la respuesta económica global al COVID-19, todos los miembros respaldaron una declaración que no solo suspendió los pagos de la deuda de las naciones menos desarrolladas y en desarrollo, sino que también se comprometieron a garantizar una recuperación económica «ambientalmente sostenible» que cumpla con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y reconozca su «responsabilidad a largo plazo para nuestro planeta». Todo un movimiento sorpresivo.

En el comunicado del G20 se puede leer «nos comprometemos a apoyar una recuperación ambientalmente sostenible e inclusiva» y «nos guiaremos por un sentido de responsabilidad compartida a largo plazo para nuestro planeta y los ciudadanos».