Las emisiones mundiales de CO2 alcanzarán este año un nuevo máximo ante un efecto del COVID-19 «ridículo»

Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), lejos de descender, alcanzarán este año, incluso mañana mismo, un nuevo máximo histórico puesto que la acumulación de gases de efecto invernadero sigue creciendo a nivel mundial y la posible reducción de emisiones a la atmósfera a consecuencia del confinamiento para paliar el coronavirus tiene un efecto «ridículo» o «insignificantes».

El director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, Emilio Cuevas, ha explicado a Europa Press que el efecto del COVID-19 en el volumen de emisiones de CO2 en la atmósfera «ni se nota ni se va a notar, sino que se va a alcanzar un nuevo máximo en los próximos días».

Así, ha aclarado que lo que los gases climáticos son acumulativos, de modo que en la actualidad se está midiendo todo el CO2 y otro gases de efecto invernadero que se han ido acumulando en la atmósfera en los últimos 50 o 60 años, por lo que confía en que este año las partes por millón crecerán en la misma línea que el año anterior.

«El COVID para nosotros (la medición de GEI) es ridículo –ha sentenciado–. Habrá una reducción de emisiones por el coronavirus, pero como la hubo en otras etapas como la crisis del petróleo de los años 70 pero esta rebaja no se nota en la atmósfera. Para ello la reducción de CO2 debería ser incluso mucho mayor».

Si bien, ha apuntado que los expertos estiman que las emisiones de gases de efecto invernadero se han reducido en un 25 por ciento a nivel mundial a consecuencia del parón provocado por las medidas de confinamiento para frenar la pandemia del coronavirus. Sin embargo, Cuevas asegura que no hay una relación directa que se pueda esperar de esta reducción en la atmósfera.

En ese sentido, el director de Izaña ha subrayado que para los tiempos del clima el COVID «dura poco tiempo, unos meses», mientras que el observatorio de Canarias, igual que otros observatorios que miden las partes por millón de CO2 en la atmósfera, se miden los gases acumulados durante décadas.

De ese modo, ha comparado la menor emisión de CO2 por el COVID con quitarle una gota a un cubo lleno de agua. «No se nota porque estos gases tienen una vida muy larga, de más de 50 años hasta que se disipan por lo que su efecto se nota mucho más allá», ha señalado Cuevas que, no obstante destaca que en materia de calidad del aire «sí se nota mucho».

Con todo, lamenta que este año se llegará a un nuevo máximo, tras incrementarse en un margen parecido al del año anterior. Así, según los datos de Izaña, la concentración media diaria de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanzó en el mes de abril de 2019 un total de 415 partes por millón (ppm), un valor que no se alcanzaba desde hace 3 millones de años, cuando el hombre aún no habitaba la tierra.

Precisamente, el 8 de abril el observatorio de Mauna (Hawai, Estados Unidos) alcanzó también una media diaria de 417 ppm de CO2, el valor más alto, y Cuevas señala que la curva gráfica de Hawai e Izaña son similares por lo que espera que la inminente publicación de estos datos del observatorio canario serán prácticamente idénticos pese a estar a 13.000 kilómetros de distancia.

«En Izaña estamos muy cerca de llegar al máximo anual que será más de 2 ppm de CO2 superior al máximo de 2019», ha precisado Cuevas. En definitiva, ha insistido en que «para notar algo» se debería reducir muchas más emisiones durante un tiempo mayor.

No obstante, ha celebrado los buenos datos de calidad del aire que se están registrando en «la mayor parte» del planeta a consecuencia de las restricciones del tráfico fundamentalmente. En calidad del aire se nota muchísimo, sin embargo. Pero se trata de gases activos que al dejar de emitirse se acusa mucho en los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), partículas (PM10), entre otros. Por tanto, advierte de que cuando vuelva la actividad a las grandes capitales, estas volverán a estar igual de contaminadas.

En la misma línea la responsable de Meteorología de eltiempo.es Mar Gómez también apunta que a nivel global los niveles de este gas siguen aumentando porque a tan corto plazo la reducción de las emisiones no se ve reflejado. Así, ha apuntado que para que se notara algún efecto tendría que disminuir un 10 por ciento el uso de combustibles fósiles en todo el mundo durante un año.

En todo caso, ha apuntado que el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio en Finlandia muestra como en las últimas tres semanas, las emisiones de carbono de China se han reducido aproximadamente 100 millones de toneladas.

Esto equivale a una reducción de más del 25 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono desde que comenzó el brote de coronavirus, en comparación con el mismo período en 2019. Esto, según esos cálculos sería un 6 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono.

«Si la situación se alarga si podríamos experimentar un descenso en los niveles de emisiones globales más notable pero que, en cualquier caso, tendría impacto mínimo en los niveles de CO2 acumulados en nuestra atmósfera a lo largo de varias décadas», ha indicado.

En todo caso, considera que la situación actual es relevante para reflexionar sobre cómo nuestro estilo de vida impacta en la calidad del aire y el planeta, pero son a la vez anecdóticos, puesto que lamenta que cuando se recupere el ritmo de vida diario, basado en un transporte contaminante y en industrias que emiten altas concentraciones de gases contaminantes, los niveles de gases volverán, «muy probablemente», a su estado habitual.

«Este es un momento de reflexionar sobre los cambios que debemos hacer y que tenemos que cumplir para mitigar los efectos del calentamiento global. Recordemos que hay que reducir las emisiones a cero para mediados de siglo y mitigar el aumento de la temperatura a 1.5ºC para evitar los graves impactos del cambio climático que en unos años serán cada vez más notorios», ha concluido.