Quinto aniversario del Acuerdo de París: tan lejos, tan cerca

El 12 de diciembre de 2015 el mundo se ponía de acuerdo para luchar juntos contra el cambio climático. París era el testigo de tan histórico acuerdo. 197 países firmaban días después un protocolo para tratar de reducir la temperatura del planeta en 1,5 ºC. Pero cinco años después parece que todo sigue igual o incluso peor. Solo hay que ver que muchas grandes economías han tenido que redoblar esfuerzos en este 2020 con nuevo objetivos más ambiciosos porque si no, no se llega.

La descarbonización del planeta es un problema de todos, si la actuación no llega por todos los rincones del mundo servirá de poco que la UE quiera reducir su huella de carbono. Solo hay un sector que realmente está haciendo su trabajo y no en todas las partes del mundo. Hablo del sector eléctrico. El papel del carbón y el paulatino cierre de centrales térmicas está ayudando a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero si el transporte, la industria, la agricultura y otros no consiguen bajar sus estadísticas, sirve de muy poco que se vayan apagando las centrales térmicas.

No se están haciendo bien las cosas y falta una mayor actuación por parte de todos los actores, principalmente de los gobiernos. Está muy bien eso de reunirse y decir qué bonitos somos que luchamos contra el cambio climático y luego no se hace prácticamente nada. Basta ya de politiqueo con el cambio climático. Hay que pasar a la acción ya. No se puede perder más tiempo.

Ya estamos en 2020 y siguen creciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Ahora con la crisis de la pandemia del Covid las cifras deberían haber mejorado, pero habrá que esperar un poco a conocer los datos a cierre del ejercicio. Pero todo apunta a que ni con una paralización tan fuerte de la economía como la que se ha vivido este año, las emisiones se hayan frenado. Es para pensárselo.

El ser humano es el culpable, pero también tiene en sus manos la solución. Y ésta va a venir de él y de todos los avances tecnológicos que se están logrando. Hay un rayo de esperanza. Pero sin ponerse piedras en el camino, que en eso somos muy torpes los seres humanos.

Todas las tecnologías que ayudan a descarbonizar bienvenidas sean. ¿Por qué decir no a la nuclear si es junto a la hidroeléctrica la fuente eléctrica que más emisiones de CO2 ha evitado en el planeta? ¿Por qué no apostar por el gas para ir sustituyendo poco a poco la dependencia energética del petróleo? ¿Por qué no habilitar otras tecnologías para el transporte por carretera que no sean 100% VE?

Pero no, aquí lo único que vale es lo nuestro. Me refiero a que no hay una única solución, no hay una varita mágica. Todo contamina, hasta las renovables. Quitémonos las caretas y comencemos a construir juntos un mejor planeta para las generaciones futuras, pero en el que participemos todos. Acaso ¿hay que matar a los indios porque enciendan nuevas térmicas de carbón? Nadie es perfecto, en esta batalla no se libra nadie. ¿Se cree Europa mejor por ponerse un 55% de objetivo? ¿Y si luego no lo cumple como lo ha hecho con los objetivos a 2020? ¿De qué sirve ponerse objetivos si luego no se actúa?

Ahora estamos librando la pandemia de la COVID, un bicho que ha puesto patas arriba (si las tuviera) al planeta entero. Un virus con procedencia china pero que el gigante asiático ha conseguido más o menos combatirlo con acierto ya que su economía ha sido de las menos dañadas y saldrá con más fuerza respecto a otras grandes potencias.

Ellos ahora dicen que van a ser emisiones netas cero en 2060. Habrá que verlo, pero están ya actuando. Aunque construyan nuevas centrales térmicas, también están cerrando bastantes más, y sobre todo, las nuevas contaminan mucho menos que las de antaño. Pues aunque no lo parezca, es un paso. Poco a poco el vehículo eléctrico está tomando forma allí, instalan renovables como nadie y encima investigan y desarrollan novedades tecnológicas interesantes para la descarbonización. Yo jamás creía que los chinos fueran a hacer eso.

Tienes a EEUU. Sí, es cierto que Trump se salió del Acuerdo de París, pero aun con ello, el sector energético de EEUU ha conseguido reducir las emisiones durante estos años. Ahora viene Biden, el adalid de lo verde en la primera economía del mundo, pero habrá que ver si avanza en la descarbonización sin ver perjudicada la economía.

Porque aquí está el quid de todo. No solo es reducir las emisiones, sino también seguir viviendo bien y en progreso. Lo fácil sería reducir emisiones siendo más pobres, pero esa no es la solución. Tampoco lo es matándonos entre unos y otros. A base de insultos y balazos no se reducen las emisiones. De esta batalla, solo nos libraremos si vamos todos juntos, los de izquierdas y los de derechas, los del centro, los de arriba y los de abajo, los pequeños y los grandes, los blancos, los negros, y los de todos los colores, los religiosos y los ateos, los que hablan una lengua u otra, todos.

Y hoy, 12 de diciembre de 2020, estamos muy lejos de alcanzar esa unión, es más, me atrevería a decir que estamos más lejos que nunca de lograr la unión necesaria para luchar contra el cambio climático, de verdad, de una vez por todas. El tiempo pasa y aunque hay avances se necesitan dar más pasos y de forma más rápida.

Solo el ser humano es capaz de lograrlo. Pero no caigamos en el enfrentamiento. Ni en el ideológico, ni en el tecnológico. Todo suma. Pon de tu parte y no mires al de enfrente a ver si hace o deja de hacer. Aporta algo. Déjate de palabras. Haz algo. Solo con el ejemplo se lograrán mayores beneficios para todos. Si uno ve que hay éxito en algo, lo repetirá y lo copiará.

No quiero más Acuerdos de París, ni de Glasgow, ni de la Conchinchina. Quiero datos, quiero acción, quiero que todos trabajemos juntos, quiero investigación, innovación tecnológica, quiero que nos apoyemos unos a otros, que se trabaje por el bien común, y que mejor bien común que el planeta que es de todos. Deja de quejarte y ponte las pilas.